Era incapaz de conciliar el sueño.
No podía dejar de pensar en Daniela. Sabía que estaba bien, la oía respirar a mi lado.
Pero temía poder perderla en cualquier momento.
Nunca había superado la muerte de mi padre hacía ya cuatro años.
Y cuando a los quince, hace dos años, descubrí que tenía otra hija comencé a buscarla. Sin embargo, no fue hasta que la transformaron en vampira cuando la encontré. Y ahora temía que le ocurriera algo, era lo más importante que tenía, además de mi madre.
Decidí levantarme y salir a dar un paseo, me vendría bien el aire fresco.
Tenía que relajarme, a Daniela no le pasaría nada y podríamos ser felices por fin.
Mi madre había aceptado a Daniela como a una hija más y nunca había dicho nada malo sobre ella ni sobre mi padre, a pesar de que él la abandono por aquella humana.
Hacía frío, aunque a mí no me afectaba.
Me senté en una roca alrededor de la casa y contemplé las estrellas.
Mi padre siempre decía que las estrellas reflejaban el estado de ánimo del que las miraba y sus mayores deseos.
Yo veía soledad en las estrellas, tan dispersas.
Pero también veía un pequeño grupo que parecía sonreirme...
La cabeza me daba vueltas, intenté ponerme en pie, pero mi cuerpo no reaccionaba, estaba demasiado cansada. Cerré los ojos y me dejé llevar por el sueño.
Estaba en un bosque, me resultaba familiar, parecía el bosque cercano a mi casa.
Pero era como si algo hubiera cambiado.
Una voz, dulce y suave, me llamaba desde un claro del bosque.
Me apróxime con rápidez.
Era un hombre, estaba de espaldas.
- Elena - susurraba.
- ¿Quién eres? - pregunté.
El hombre se giró y pude verle la cara.
- ¡Papá!
Me aproximé a él y le abracé con fuerza.
- Elena - acarició mi cabello con ternura - Cuida de Daniela, pero cuida también de ti misma. No te pierdas hija. El camino que debes recorrer es duro y tiene muchos obstáculos, pero el fin será el adecuado Elena. Cuidate.
De repente desperté.
Estaba amaneciendo.
domingo, 30 de enero de 2011
Sed de su sangre - Capítulo 4
Por fin llegó el fin de las clases y pude volver a casa.
- Estoy en casa - saludé al entrar.
Pero nadie contestó.
Era raro encontrar la casa vacía. Adelle, mi madre, salía de vez en cuando, a comprar, a visitar a alguien, a trabajar, o a cazar, generalmente de noche. Pero Daniela, mi "hermana", solo salía de noche.
Aun se estaba adaptando a la conversión y no era conveniente que se acercara a nadie, ni fuera vista.
- Da - grité - ¿Dónde estás?
- ¡Elena!
La voz de Adelle llegó desde el piso de arriba, de la habitación que compartía con Daniela.
Subí las escaleras corriendo.
- ¿Ocurre algo? - pregunté.
Daniela estaba tirada en el suelo, inconsciente y Adelle intentaba reanimarla.
- Sangre, Elena. Necesita sangre, humana.
- ¿Tan pronto? Apenas han pasado dos días desde que bebió la última vez. Nosotras solo nos alimentamos de sangre humana una vez cada tres o cuatro meses. ¿Seguro que no sirve sangre de animal?
- Es una recien iniciada - me miró con comprensión - Tú no has pasado por la conversión, eres una vampira por nacimiento. Pero ella está pasando un duro trance, necesita esa sangre.
Salí rápidamente de casa.
No dejaría que le pasara nada a Daniela. Aunque no era mi verdadera hermana, si tenía mucho que ver conmigo y le tenía un gran aprecio. Daniela era, realmente, como mi hermanastra, una hija que mi padre tuvo con una humana, antes de... morir.
No podía perdonarme no haber salvado a mi padre de la muerte a manos de aquellos renegados, y no podía permitir que le pasara nada a Daniela.
Corrí a gran velocidad y llegué a una ciudad cercana.
Una mujer mayor, de unos sesenta años, se encontraba refugiada entre cobertores y bolsas de basura.
Me acerqué a ella y,utilizando mi poder, conseguí dormirla.
En apenas diez minutos estaba de vuelta a casa.
- Es lo primero que he encontrado - dije tendiendo a la mujer al lado de Daniela - Espero que pueda sernos útil.
Adelle mordió a la mujer en el cuello y acercó la sangre a Daniela.
Que despertó llamada por su instinto.
Cuando terminó me senté a su lado y la abracé con fuerza.
- Ya ha pasado todo Dani - le susurré.
- ¿Cuándo se acabará esto? - le pregunté a Adelle.
- Deberían de faltarle tan solo unos días, una semana tal vez - suspiró - Después podrá empezar al instituto contigo.
Me sonrió.
- Por cierto, ¿qué tal tu primer día?
- Bueno... Digamos que he echo una "amiga" y he conocido a los idiotas superpopulares del instituto - reí - En realidad, aun me falta conocer a la persona más famosa, una tal Vanessa.
- Hazme solo un favor Elena. Puedes ignorar a todo el mundo si quieres, pero intenta hacer algun amigo, no demasiado íntimo claro está, me gustaría que pudieramos quedarnos un par de años.
- No te preocupes. Nadie descubrirá lo que somos y... conseguiré hacerme un hueco en esta ciudad - sonreí.
- Estoy en casa - saludé al entrar.
Pero nadie contestó.
Era raro encontrar la casa vacía. Adelle, mi madre, salía de vez en cuando, a comprar, a visitar a alguien, a trabajar, o a cazar, generalmente de noche. Pero Daniela, mi "hermana", solo salía de noche.
Aun se estaba adaptando a la conversión y no era conveniente que se acercara a nadie, ni fuera vista.
- Da - grité - ¿Dónde estás?
- ¡Elena!
La voz de Adelle llegó desde el piso de arriba, de la habitación que compartía con Daniela.
Subí las escaleras corriendo.
- ¿Ocurre algo? - pregunté.
Daniela estaba tirada en el suelo, inconsciente y Adelle intentaba reanimarla.
- Sangre, Elena. Necesita sangre, humana.
- ¿Tan pronto? Apenas han pasado dos días desde que bebió la última vez. Nosotras solo nos alimentamos de sangre humana una vez cada tres o cuatro meses. ¿Seguro que no sirve sangre de animal?
- Es una recien iniciada - me miró con comprensión - Tú no has pasado por la conversión, eres una vampira por nacimiento. Pero ella está pasando un duro trance, necesita esa sangre.
Salí rápidamente de casa.
No dejaría que le pasara nada a Daniela. Aunque no era mi verdadera hermana, si tenía mucho que ver conmigo y le tenía un gran aprecio. Daniela era, realmente, como mi hermanastra, una hija que mi padre tuvo con una humana, antes de... morir.
No podía perdonarme no haber salvado a mi padre de la muerte a manos de aquellos renegados, y no podía permitir que le pasara nada a Daniela.
Corrí a gran velocidad y llegué a una ciudad cercana.
Una mujer mayor, de unos sesenta años, se encontraba refugiada entre cobertores y bolsas de basura.
Me acerqué a ella y,utilizando mi poder, conseguí dormirla.
En apenas diez minutos estaba de vuelta a casa.
- Es lo primero que he encontrado - dije tendiendo a la mujer al lado de Daniela - Espero que pueda sernos útil.
Adelle mordió a la mujer en el cuello y acercó la sangre a Daniela.
Que despertó llamada por su instinto.
Cuando terminó me senté a su lado y la abracé con fuerza.
- Ya ha pasado todo Dani - le susurré.
- ¿Cuándo se acabará esto? - le pregunté a Adelle.
- Deberían de faltarle tan solo unos días, una semana tal vez - suspiró - Después podrá empezar al instituto contigo.
Me sonrió.
- Por cierto, ¿qué tal tu primer día?
- Bueno... Digamos que he echo una "amiga" y he conocido a los idiotas superpopulares del instituto - reí - En realidad, aun me falta conocer a la persona más famosa, una tal Vanessa.
- Hazme solo un favor Elena. Puedes ignorar a todo el mundo si quieres, pero intenta hacer algun amigo, no demasiado íntimo claro está, me gustaría que pudieramos quedarnos un par de años.
- No te preocupes. Nadie descubrirá lo que somos y... conseguiré hacerme un hueco en esta ciudad - sonreí.
viernes, 28 de enero de 2011
Sed de su sangre - Capítulo 3
La mejor forma de comenzar.
No quería buscar enemigos y había empezado llamando niño malcriado y mediocre a uno de los más populares. Pronto sería la apestada para todo el mundo.
- Te felicito - me giré para encontrarme con alguien que desconocía.
- ¿Me felicitas?
- Eres la primera chica a la que veo pararle los pies.
- ¿A Iker? - pregunté - No le he parado los pies, simplemente, le he dicho la opinión que me merece.
- Una buena opinión - sonrió - Me llamo Mike.
Estreché la mano que me tendía.
- Mike Baltimore.
La sonrisa se desdibujó de mi cara.
¿Mike Baltimore?
- Lo se, lo se. Iker es mi hermano, pero es un imbécil - me guiñó un ojo y se alejó.
Diana se me acercó corriendo.
- ¿Ya has conocido a los hermanos Baltimore? - suspiró - ¡Dos idiotas! Solo te falta conocer a la arpía de Vanessa.
- ¿Vanessa? - pregunté.
- La novia de Mike. La de Iker, por raro que parezca, es agradable. Pero Vanessa es insoportable, ya sabes la superpopular de la Inter.
- No me interesa conocerla. Al igual que no me interesa tratar con los Baltimore. Con conocer a una persona me basta y me sobra.
- Me siento afortunada - sonrió y me dio un abrazo.
- ¡Ehh! ¡Vaya!...
- Veo que no estás muy acostumbrada a recibir afecto - se echó a reir - Lo siento, soy muy impulsiva.
La actitud de Mike me había desconcertado. A los ojos de Diana parecía tan estúpido y superficial como su hermano, pero al principio me había parecido un joven agradable y divertido. Me sorprendió que resultara ser el hermano de Iker. De todas formas, no podía ser agradable siendo familia de Don Popular.
Diana me contó más cosas sobre los Baltimore.
Su padre era un prestigioso empresario y su madre dirigía el consejo del instituto, era, además, la jefa de estudios.
No quería buscar enemigos y había empezado llamando niño malcriado y mediocre a uno de los más populares. Pronto sería la apestada para todo el mundo.
- Te felicito - me giré para encontrarme con alguien que desconocía.
- ¿Me felicitas?
- Eres la primera chica a la que veo pararle los pies.
- ¿A Iker? - pregunté - No le he parado los pies, simplemente, le he dicho la opinión que me merece.
- Una buena opinión - sonrió - Me llamo Mike.
Estreché la mano que me tendía.
- Mike Baltimore.
La sonrisa se desdibujó de mi cara.
¿Mike Baltimore?
- Lo se, lo se. Iker es mi hermano, pero es un imbécil - me guiñó un ojo y se alejó.
Diana se me acercó corriendo.
- ¿Ya has conocido a los hermanos Baltimore? - suspiró - ¡Dos idiotas! Solo te falta conocer a la arpía de Vanessa.
- ¿Vanessa? - pregunté.
- La novia de Mike. La de Iker, por raro que parezca, es agradable. Pero Vanessa es insoportable, ya sabes la superpopular de la Inter.
- No me interesa conocerla. Al igual que no me interesa tratar con los Baltimore. Con conocer a una persona me basta y me sobra.
- Me siento afortunada - sonrió y me dio un abrazo.
- ¡Ehh! ¡Vaya!...
- Veo que no estás muy acostumbrada a recibir afecto - se echó a reir - Lo siento, soy muy impulsiva.
La actitud de Mike me había desconcertado. A los ojos de Diana parecía tan estúpido y superficial como su hermano, pero al principio me había parecido un joven agradable y divertido. Me sorprendió que resultara ser el hermano de Iker. De todas formas, no podía ser agradable siendo familia de Don Popular.
Diana me contó más cosas sobre los Baltimore.
Su padre era un prestigioso empresario y su madre dirigía el consejo del instituto, era, además, la jefa de estudios.
Sed de su sangre - Capítulo 2
Por fin, entramos en la clase.
- ¡Increíble! - Diana frenó en seco - ¡Tendremos la fortuna de compartir clase con el mismisimo Iker!
- ¿Iker? - pregunté indiferente.
- ¡Iker! Es el chico más popular, el más guapo... El más engreído, arrogante, egoísta...
- ¡Basta, basta! Veo que el chico te encanta.
Nos sentamos en una de las filas de atrás a la espera de que llegara el profesor.
- ¡Buenos días! Todos nos conocemos de cursos anteriores, asi que prácticamente sobran las presentaciones - de repente se percató de mí - Pero veo que tenemos una nueva compañera. ¿Señorita...?
- Blood, Elena Blood - contesté.
- Encantado señorita Blood. Me llamo Albert Pever y seré su profesor de literatura y lengua durante este curso. El resto de sus compañeros irán presentandose poco a poco - hizo una pausa - Ahora me gustaría que se colocaran por orden de lista. Ya saben como me gusta dar las clases. Elena, coloquese aquí junto a Iker Baltimore, por favor.
Diana me miró entristecida.
- Me hubiera gustado estar contigo - susurró - Suerte con Don Egoísta.
Recogí mis cosas y me cambié de sitio, preparandome para aguantar al famoso Iker.
- Buenos días - saludó.
- Buenos días.
Decidí ignorarle, no me interesaba hacer amigos ni enemigos, tenía de sobra con Diana.
- No eres el prototipo de chica del International - comentó.
Le miré divertida.
- ¿Crees que me interesa serlo? - pregunté.
- Creo que no te interesa en absoluto. Prefieres refugiarte en un escudo de indiferencia. Fingiendo ser normal, fingiendo ser una simple alumna, pero no una Inter, pareces una becada con demasiado nivel. Al fin y al cabo te quedas en vulgar.
- Y eso viene del chico popular, el niño malcriado que no tiene ningun problema. Para el que la única preocupación es seguir siendo famoso en el instituto, seguir siendo el lider de la pandilla, el niño que intenta ser adulto y se queda en mediocre.
- ¡Increíble! - Diana frenó en seco - ¡Tendremos la fortuna de compartir clase con el mismisimo Iker!
- ¿Iker? - pregunté indiferente.
- ¡Iker! Es el chico más popular, el más guapo... El más engreído, arrogante, egoísta...
- ¡Basta, basta! Veo que el chico te encanta.
Nos sentamos en una de las filas de atrás a la espera de que llegara el profesor.
- ¡Buenos días! Todos nos conocemos de cursos anteriores, asi que prácticamente sobran las presentaciones - de repente se percató de mí - Pero veo que tenemos una nueva compañera. ¿Señorita...?
- Blood, Elena Blood - contesté.
- Encantado señorita Blood. Me llamo Albert Pever y seré su profesor de literatura y lengua durante este curso. El resto de sus compañeros irán presentandose poco a poco - hizo una pausa - Ahora me gustaría que se colocaran por orden de lista. Ya saben como me gusta dar las clases. Elena, coloquese aquí junto a Iker Baltimore, por favor.
Diana me miró entristecida.
- Me hubiera gustado estar contigo - susurró - Suerte con Don Egoísta.
Recogí mis cosas y me cambié de sitio, preparandome para aguantar al famoso Iker.
- Buenos días - saludó.
- Buenos días.
Decidí ignorarle, no me interesaba hacer amigos ni enemigos, tenía de sobra con Diana.
- No eres el prototipo de chica del International - comentó.
Le miré divertida.
- ¿Crees que me interesa serlo? - pregunté.
- Creo que no te interesa en absoluto. Prefieres refugiarte en un escudo de indiferencia. Fingiendo ser normal, fingiendo ser una simple alumna, pero no una Inter, pareces una becada con demasiado nivel. Al fin y al cabo te quedas en vulgar.
- Y eso viene del chico popular, el niño malcriado que no tiene ningun problema. Para el que la única preocupación es seguir siendo famoso en el instituto, seguir siendo el lider de la pandilla, el niño que intenta ser adulto y se queda en mediocre.
Sed de su sangre - Capítulo 1
Aceleré el paso, no me agradaba llegar tarde el primer día a mi nuevo instituto.
El International School parecía el típico instituto de gente rica, preocupada unicamente por su popularidad, además de, en algunos casos, por sus estudios. Gente sin complicaciones, con vidas "sumamente interesantes" y poco que aportar a la sociedad. Tan poco que aportar como yo, que ni siquiera pertenecia a ese mundo, ¿qué podía aportarle una vampira adolescente al mundo? Supongo que matar a otros vampiros, a aquellos que renegaban de mantener el equilibrio, a los que decidían asesinar a gente inocente sin ningun tipo de piedad.
Llegué al instituto y me decanté por preguntar mi horario en conserjería.
Así que allí estaba yo, la nueva alumna, a la que todos miraban con curiosidad.
- Buenos días, me llamo Elena, Elena Blood - saludé.
- Buenos días, ¿eres la chica nueva, supongo? - la mujer que estaba tras el mostrador me sonrió amablemente.
- Lo soy. Quería preguntarle por mi horario. No se a donde tengo que ir - expliqué.
Me entregó unas hojas con los horarios, los profesores y la ubicación de las clases.
Literatura a primera hora, no era un mal comienzo.
Caminé por los pasillos buscando la clase correspondiente.
- ¡Ey! - una joven me agarró por el brazo deteniendo mi avance - ¿Eres la nueva, verdad? Me llamo Diana - sonrió - Voy contigo a literatura, biología, lengua...
- Encantada - la interrumpí - ¿Puedes decirme dónde está la clase?
- ¡Claro! - tiró de mí en la dirección contraria - Ibas mal. ¿Sabes? Pareces diferente al resto de chicas de por aquí. Yo soy becada, asi que casi nadie me habla. Si no tienes dinero no eres muy bien recibido aquí. ¿Tú eres rica? - me miró expectante.
- Tan solo un par de millones en el banco - sonreí - Pero no me gusta alardear sobre ello.
- Eres como yo. Quiero decir, no encajas.
Me eché a reir.
- ¿He dicho algo malo? - me miró preocupada.
- No, me gusta no encajar en los sitios. No quiero ser uno más, como una especie de robot sin ideas propias.
Yo era, sin duda, muy diferente a los demás.
El International School parecía el típico instituto de gente rica, preocupada unicamente por su popularidad, además de, en algunos casos, por sus estudios. Gente sin complicaciones, con vidas "sumamente interesantes" y poco que aportar a la sociedad. Tan poco que aportar como yo, que ni siquiera pertenecia a ese mundo, ¿qué podía aportarle una vampira adolescente al mundo? Supongo que matar a otros vampiros, a aquellos que renegaban de mantener el equilibrio, a los que decidían asesinar a gente inocente sin ningun tipo de piedad.
Llegué al instituto y me decanté por preguntar mi horario en conserjería.
Así que allí estaba yo, la nueva alumna, a la que todos miraban con curiosidad.
- Buenos días, me llamo Elena, Elena Blood - saludé.
- Buenos días, ¿eres la chica nueva, supongo? - la mujer que estaba tras el mostrador me sonrió amablemente.
- Lo soy. Quería preguntarle por mi horario. No se a donde tengo que ir - expliqué.
Me entregó unas hojas con los horarios, los profesores y la ubicación de las clases.
Literatura a primera hora, no era un mal comienzo.
Caminé por los pasillos buscando la clase correspondiente.
- ¡Ey! - una joven me agarró por el brazo deteniendo mi avance - ¿Eres la nueva, verdad? Me llamo Diana - sonrió - Voy contigo a literatura, biología, lengua...
- Encantada - la interrumpí - ¿Puedes decirme dónde está la clase?
- ¡Claro! - tiró de mí en la dirección contraria - Ibas mal. ¿Sabes? Pareces diferente al resto de chicas de por aquí. Yo soy becada, asi que casi nadie me habla. Si no tienes dinero no eres muy bien recibido aquí. ¿Tú eres rica? - me miró expectante.
- Tan solo un par de millones en el banco - sonreí - Pero no me gusta alardear sobre ello.
- Eres como yo. Quiero decir, no encajas.
Me eché a reir.
- ¿He dicho algo malo? - me miró preocupada.
- No, me gusta no encajar en los sitios. No quiero ser uno más, como una especie de robot sin ideas propias.
Yo era, sin duda, muy diferente a los demás.
Sed de su sangre - Prólogo
Sentía los latidos de su corazón cada vez más acelerados, podía oirlos con total nitidez.
Una mezcla de temor y deseo se palpaba en el ambiente.
- ¿Tienes miedo? - pregunté dulcemente.
- No... no - respondió el chico con dificultad.
- No temas - me acerqué aun más a él - Será rápido - susurré.
Un solo mordisco. El joven se desmayó extenuado por el miedo.
Terminé lo antes posible y me alejé de él.
Odiaba tener que alimentarme de sangre humana, a pesar de que me alimentaba de indigentes y nunca los mataba, no podía evitar recordar a cada una de las personas que había "usado", no podía pensar en que podía hacerles daño... No tenía miedo de que me reconocieran, ni de que descubrieran la existencia de vampiros, tenía el poder suficiente como para hacerles olvidar todo, podía hacerles olvidar hasta sus propios nombres.
Una mezcla de temor y deseo se palpaba en el ambiente.
- ¿Tienes miedo? - pregunté dulcemente.
- No... no - respondió el chico con dificultad.
- No temas - me acerqué aun más a él - Será rápido - susurré.
Un solo mordisco. El joven se desmayó extenuado por el miedo.
Terminé lo antes posible y me alejé de él.
Odiaba tener que alimentarme de sangre humana, a pesar de que me alimentaba de indigentes y nunca los mataba, no podía evitar recordar a cada una de las personas que había "usado", no podía pensar en que podía hacerles daño... No tenía miedo de que me reconocieran, ni de que descubrieran la existencia de vampiros, tenía el poder suficiente como para hacerles olvidar todo, podía hacerles olvidar hasta sus propios nombres.
Sed de su sangre - Argumento
Sed de su sangre es la historia de Elena Blood, una joven vampira, y de su tormentosa relación con Mike, uno de los chicos más populares de su instituto.
Podría decirse que es otro más de esos libros para adolescentes, en los que el amor acaba prevaleciendo por encima de todas las cosas, incluso de mundos paralelos. Pero Sed de su sangre es algo más, en una novela que combina el amor y la pasión, con un ansia incontrolable, un temor infinito y un drama oculto.
Una historia de miedos, dolor y mentiras, con destellos de felicidad.
Elena se verá obligada a elegir entre lo que desea y lo que es mejor para su familia.
Podría decirse que es otro más de esos libros para adolescentes, en los que el amor acaba prevaleciendo por encima de todas las cosas, incluso de mundos paralelos. Pero Sed de su sangre es algo más, en una novela que combina el amor y la pasión, con un ansia incontrolable, un temor infinito y un drama oculto.
Una historia de miedos, dolor y mentiras, con destellos de felicidad.
Elena se verá obligada a elegir entre lo que desea y lo que es mejor para su familia.
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